jueves, 29 de diciembre de 2011

NO COCERÁS AL CABRITO EN LA LECHE DE SU MADRE

Por: Heriberto García Orozco

En Shemot 34:26 y Devarim 14:21 está escrito: "No cocerás al cabrito en la leche de su madre". Este es el mandamiento. No obstante, de acuerdo con los estudios e interpretación de nuestros sabios de bendita memoria, tal sentencia es mucho más que lo que el mandamiento dice literalmente.
Se ha concluido que la mitsvah tiene que ver con el consumo de carnes y lácteos juntos, pues en el caso de la carne hay relación con la muerte, mientras que la leche está asociada a la vida (de hecho la Torah es comparada o simbolizada por la leche), de manera que estos dos alimentos no pueden estar juntos.
Aunque esto tiene mucho de verdad, es bueno decir que además la ciencia médica ha llegado a concluir que si se consumen carne roja y leche en la misma comida habrá consecuencias para el organismo. Quienes consumen, por ejemplo, hamburguesas que tienen carne y queso, no son conscientes del gran daño que le hacen al cuerpo.
La halajah más estricta ha dictaminado que aún no se deben consumir al tiempo pollo y lácteos; sin embargo, esto es un cerco más cerrado en torno a la Torah, para evitar a toda costa salirse de ella. Pero tal cosa no está prohibida, puesto que a aves como el pollo no se les puede extraer leche. Así de simple.
Pero en esta oportunidad queremos ir un poco más lejos: ¿Qué es un cabrito? Antes de poner en relieve lo que queremos compartir, es bueno saber que la palabra "jayah", que se escribe con las letras jet, yod y he, significa ser viviente o el verbo vivir. Bien, si tomamos aquel pasaje en el cual los buenos (ovejas) serán puestos a la derecha y los malos (cabritos) a la izquierda (lo que, según la figura de la palabra jayah es yod en el centro, o sea El Eterno, a un lado la he, que son quienes tienen el aliento de vida representado por esta letra, y al otro lado los que están en la oscuridad, o sea joshej, que se escribe con jet), veremos que los cabritos, optando por una definición "misericordiosa", son quienes aún no han alcanzado la salvación de sus almas.
Y si la leche es la Torah, entonces tenemos ante nosotros una gran revelación para que nuestra vida sea más cercana a la de un tsadiq: Cocer tiene que ver con calentar, con someter a un rigor inmenso a algo o alguien. De manera que no cocer al cabrito en la leche de su madre tiene que ver con NO CASTIGAR O SOMETER AL RIGOR DE LA TORAH A QUIENES POR IGNORANCIA DESCONOCEN LOS DICTÁMENES CELESTIALES. Dicho de manera coloquial, "no debemos reprender con "bibliazos" a los que no son creyentes", pues tal cosa puede ser más arrogancia que piedad.
Si tú estás en el camino que lleva a la vida, no reprendas al ignorante con tus conocimientos de Torah, sino más bien llévale con el amor de tu ejemplo de vida a los caminos de El Eterno, para que seas parte de la profecía escrita en Tsefanyah (Sofonías) 8:23.
Yevarejeja HaShem veyishmereja.

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