jueves, 31 de mayo de 2012

¿PUEDE EL SER HUMANO DECIR "SOY PERFECTO"? O ¿"YA NO NECESITO ELEVARME MÁS?


Por: Avdiel Ben Obed
¡No! ¿Por qué? Porque la Perfección no es una cualidad humana, sino una cualidad divina, perfecto solo es el Creador. Por lo mismo el Creador no le pide al ser humano que sea perfecto, porque esto sería imposible lograrlo.
Dentro del ámbito hebreo cuando se usa el término en lengua española "Perfección" en relación al ser humano, lo que se quiere decir es que dentro de nuestras limitantes como seres humanos lo Máximo que podemos aspirar a lograr es dominar nuestros impulsos, nuestras inclinaciones, lograr un Corazón Puro. Cuando logramos esto podemos lograr todo lo demás.
En hebreo esto es Temimut (un grado de "Simpleza" consiente = Pureza de Corazón), cuando no eres malicioso, cuando no eres habilidoso, en relación con el Creador y con el ser humano. De esta cualidad habló muchas veces Rabenu Iehoshua: "sean Temimim", lo que se traduce al español comúnmente como "sean Perfectos", que realmente no es perfección, sino es el mayor grado que podemos aspirar como seres humanos. De ahí viene la frase "Tzadik Tamim", traducido como "Justo Perfecto", aquel que logra dominar su Yo egoísta.
Ahora, aplicando este concepto en relación al tema de la pregunta sobre "el tzadik que sufre":
La cualidad de Temimut es muy difícil de lograr, requiere de mucho esfuerzo, de muchas pruebas, y esto es percibido en nuestro mundo como SUFRIMIENTOS. Entonces conociendo la existencia de esta cualidad, cada sufrimiento que experimentamos debe canalizarse para acercarnos a esa Cualidad, porque de esta dependen las otras. En el caso de los Tzadikim, ellos no son probados para adquirir esta cualidad, sino para CRECER en esta cualidad, para aumentarla, son Tzadikim porque ya poseen previamente esta cualidad, solo necesitan "perfeccionarla", estos son los Tzadikim que sufren en el 1er Nivel, porque aunque son tzadikim, aun necesitan "perfeccionarse" en esta cualidad, aun necesitan crecer más, por la simple razón de que TIENEN LA CAPACIDAD de lograrlo, de lo contrario no sufrieran (no fuesen probados).
Pero cuando un Tzadik después de mucho sufrimiento ("muchas Pruebas") perfecciona esta cualidad (OJO! esta cualidad de Temimut no es solo un "estado" sino una vivencia, una práctica). Es posible que aun así le sobrevengan sufrimientos, ¿para qué? Para el bien de otros. Estamos ante un gran ser humano, alguien muy elevado, si hay 3 como estos en cada generación es muy milagro! Ellos no viven para sí sino para otros, así que por medio los sufrimientos que le acontecen se logra expiar el error de los demás que al contemplar los sufrimientos HACEN TESHUVA honrando al Tzadik e imitandolo en cada detalle. Estos Tzadkim aceptan estos sufrimientos por amor (deseo de dar) a los demás. Estos sufrimientos no necesariamente "perfeccionan" al tzadik, pues ya el no requiere más "perfección", o sea ya el domina la cualidad de Temimut, sino mas bien los sufrimientos resultan ser una gran recompensa ante su Padre! La recompensa la encuentran en el GOZO o el DELEITE de experimentar Ahava (el deseo de dar) en Temimut (en pureza de corazón). La recompensa la encuentran en imitar a su Padre! Este el único deseo o necesidad de este tipo de Tzadikim!

PALABRAS DE SABIDURÍA



miércoles, 23 de mayo de 2012

AMAD@


PERLAS DE SABIDURÍA

EL ALMA Y EL CUERPO











AMOR Y MATRIMONIO, UNA PERSPECTIVA KABALÍSTICA


Selección extraída de Anatomía del Alma
Hombre y mujer Él los creó.
Génesis 1:27
Enseña el Zohar que cada alma contiene características "masculinas" y "femeninas". Cuando llega el momento en que un alma determinada debe descender al mundo físico, ésta se separa y sus características se vuelven una "entidad dual", una parte masculina y la otra femenina. Este es el gran significado del matrimonio y de la unión marital: volver a juntar las "dos mitades" de un alma (ver Zohar III, 283b).
Así podemos comprender mejor una interesante enseñanza del Ari: cada una de las Diez Sefirot corresponde a uno de los Santos Nombres de Dios, cada uno de los cuales expresa un específico poder de Dios. 
El Santo Nombre que corresponde a Iesod es Shadai, que se traduce como, "¡Hay suficiente!". Este nombre implica que Dios tiene la capacidad absoluta para darle a cada persona todo lo que necesite. El Santo Nombre correspondiente a Maljut es Adonai, que connota "Señor", pues Él es el Señor del Universo y Rey de todo.
El versículo afirma (Génesis 35:11), "Yo soy El Shadai; fructificad y multiplicaos...". Expandiendo las letras del Santo Nombre ShaDaI (Shin, Dalet, Iud) se produce la letra Shin (Shin, Iud, Nun), la letra Dalet (Dalet, Lamed, Tav) y la letra Iud (Iud, Vav, Dalet). Si se eliminan las letras iniciales de cada una de ellas, nos quedan las "letras ocultas" Iud, Nun (cuyo valor es 60), Lamed, Tav (430) y Vav, Dalet (10). Estos valores de las letras suman 500.
Hemos indicado que el hombre tiene 248 miembros, mientras que la mujer tiene 252 miembros. La suma de los miembros de la entidad unificada formada al unir los dos individuos separados, el hombre y la mujer, es 500 (ver Baal HaTurim sobre Génesis 35:11). Dado que las relaciones maritales deben ser realizadas con recato, ocultas de la vista, estas "letras ocultas" (que no son pronunciadas) corresponden a la relación especial entre hombre y mujer, la que los une en santidad para que puedan procrear. Cuando la pareja reconoce la importancia del acto marital - la belleza e intimidad que existe en la unión de dos opuestos - se alcanza entonces la paz y el Reinado de Dios se establece más firmemente.
Iesod
El Ari habla de Or Iashar (Luz Directa) y de Or Jozer (Luz Refleja). Dios nos envía la abundancia que nos sustenta. Con ella vivimos y somos capaces de realizar buenas acciones. De manera recíproca, estas buenas acciones Le dan a Dios un cierto placer. Como un padre y una madre, Dios se alegra cuando Sus hijos "crecen" y se vuelven capaces de Imitarlo. Este es el najes (placer) que Él recibe de nuestras buenas acciones. Cuando buscamos emular a Dios, ello es considerado como si Le hubiésemos dado algo en retorno.
Enseña el Rebe Najmán:
El benefactor corresponde al aspecto masculino, mientras que el beneficiario corresponde al aspecto femenino. Aquél que da corresponde al hombre. Aquél que recibe corresponde a la mujer. 
Este principio se aplica a todos los Universos y a todos los niveles. Incluso el Santo, bendito sea, cuando recibe placer del cumplimiento de una buena acción por parte de Sus creaciones, es considerado, si así pudiera decirse, un Beneficiario, reflejando el Aspecto Femenino (Likutey Moharán I, 73:2).
Este concepto puede ser visto en términos de la interacción del hombre con Dios a través de las Diez Sefirot: la abundancia de Dios se expande desde Arriba, a lo largo del sendero de las Sefirot, a través de Iesod y hasta Maljut. Maljut, como ya hemos mencionado, es la más baja de las Sefirot y el punto a través del cual el hombre puede llegar a reconocer y servir a Dios. Aceptar el Reinado de Dios es el primer paso para acercarse a Él. De modo que inicialmente es a través de la Sefirá de Maljut que interactuamos y establecemos una relación fundamental con Dios. (Recordemos que Maljutcorresponde a lo femenino pues se basa en el rol de aceptación del yugo del Reinado de Dios). Sólo luego de haber aceptado el yugo de Su Maljut (Reinado) es posible comenzar a relacionarse con Iesod como el puente hacia los ámbitos superiores. Así como Dios siente placer al enviarnos Su abundancia, también recibe placer de Sus criaturas cuando éstas avanzan hacia niveles superiores en el reconocimiento y servicio a Dios.
La Sefirá de Iesod corresponde al brit, el órgano reproductor masculino; en laKabalá, Iesod es llamado Jai Olamim - la "Vida de los Mundos" (Zohar I, 193b). "Vida" , pues por un lado sirve al propósito y a la esencia misma de la vida y por otro, porque se dice que está "vivo" , es decir, es un instrumento para dar la vida; "Mundos", porque Iesod actúa como un catalizador, permitiendo la interacción entre los Mundos Superiores y este mundo (Maljut). Así como laSefirá de Iesod transfiere shefa desde las Sefirot superiores hacia la Sefirá deMaljut, Iesod es también el punto de retorno desde donde Maljut, habiendo derivado su fuerza vital y abundancia desde Arriba, puede devolver a Dios el placer de Sus criaturas al servirLo. "Iesod representa así uno de los más grandes placeres humanos. Es el tipo de placer que incluye los niveles más profundos de la mente humana. 
El placer puede ser bueno o malo, pues puede llevar hacia una u otra dirección" (Innerspace, p.69). Si el nivel de Iesod de la persona es de santidad, la llevará a buscar niveles más elevados de Divinidad. Pero el deseo sexual puede ser utilizado (y en general lo es) para alejar de la espiritualidad. En los próximos capítulos trataremos el significado del hecho de que la lujuria y la espiritualidad emanen de la misma fuente.
Amor y Matrimonio
Abraham es el paradigma de Jesed (actos de bondad). Su amor por sus congéneres era tan grande que constantemente buscaba una ocasión para ayudar a los demás. Es por esto que mereció ser la primera persona a la cual se le ordenó cumplir con la mitzvá de la milá. ¿Cuál es la conexión entre Jesedy milá?
Como hemos visto, la energía de Jesed sólo puede revelarse a través de Iesod. En tiempos de Abraham aún no había sido entregada la Torá; ¿de qué manera se manifestaba su devoción a Dios? A través de su gran anhelo y deseo por servir a Dios. Abraham sintió que la misión de su vida era revelar al mundo el Jesed de Dios y Su Reinado. También sentía un tremendo deseo de compartir su propio amor y bondad con los demás. Y para poder traer tanto amor al mundo, tuvo que ser circuncidado. 
La circuncisión eliminó todas las klipot que podían impedirle transferirles a los demás el Jesed y la shefa de Dios. Espiritualmente esto significa que debía eliminar todo rasgo negativo, simbolizado por el prepucio. Enseña el Rebe Najmán:
Jesed - amor - se muestra a través del deseo y el anhelo de la persona. Aquél que tiene un gran amor, tendrá un profundo anhelo por alcanzar lo que desea. Este amor se manifiesta en el brit (Likutey Moharán I, 31:6).
El amor, al igual que Jesed, significa entregarse sin reservas a los demás. Esto define el objetivo del matrimonio: cada miembro de la pareja debe comprometerse a dar de sí mismo de manera total e incondicionalmente. El lazo del matrimonio es esencialmente espiritual, una unión que trasciende los deseos físicos y las necesidades materiales de los miembros de la pareja. Aquél que se concentra en el lazo espiritual que hay entre marido y mujer llegará a percibir que existe un espíritu que rodea este amor y que sobrepasa por mucho su lazo físico. Las parejas que entran al matrimonio con esta actitud podrán sobrellevar las malas épocas que inevitablemente deberán enfrentar, pues su Pacto se centraliza alrededor de las necesidades más importantes de ambos - sus necesidades espirituales.
Cuando, por el contrario, una pareja se une sólo sobre la base de la atracción física, con el paso del tiempo el matrimonio se deteriora; su relación se desgasta y ambos comienzan a alejarse. Si su concepto de la vida tiende a ser "anticuado", podrán sentir la responsabilidad de mantenerse juntos, quizás para bien de los hijos, pero ninguno de los dos disfrutará ya de la relación. Si son "modernos", pueden entregarse a relaciones ilícitas, extramaritales. La mentira entra en sus vidas y forma parte de la rutina diaria. El temor a ser descubiertos corroe lo poco que queda de una relación agonizante.
Si Jesed (es decir, el sentimiento de amor y bondad) de la relación es degradado, entonces también el brit es degradado, pues Jesed se manifiesta en Iesod. Es decir, si Jesed se encuentra degradado en su fuente, también estará dañado al manifestarse como Iesod, y ello se reflejará en la relación física dentro del matrimonio. En la mayoría de los casos, es el amor el que ha sido dañado desde un comienzo, pues nunca fue un verdadero amor, basado en una unión espiritual. Más aún, como hemos explicado, Jesed es la primera revelación de los mojín (arriba, Capítulo 36). Como tal, un Pacto quebrado o engañoso es una señal segura de una mente degradada (ver Likutey Moharán I, 34:7).